Superando la barrera de la velocidad

Al tratar de explicar asuntos asociados a viajar en bicicleta, he procurado valerme de la física y la geografía principalmente, para lograr plasmar en palabras alguna experiencia enfocada más que nada al momento de estar pedaleando, cosa que el bici viajero ciclonómada realiza la mayor parte de su tiempo. Con la ayuda de Einstein y Max Planck cuento con un rango de posibilidades para admitir que viajando en bicicleta es posible romper la barrera de la velocidad. Pero cómo podría ser esto real, verdadero?

(Nariño, Alto de Chapungo.)Cordillera Occidental en Valle del Patía, Cauca

La primera vez que escuché la afirmación “superar la barrera de la velocidad” fue de mi parcero Enrico. Cuando lo conocimos en Mayocc al sur del Perú platicábamos acerca del ritmo o cadencia necesaria para avanzar entre países relativamente pronto. Con su español de acento italiano, Enrico me decía que el truco estaba en lograr un concreto balance para avanzar entre países sin la necesidad de recurrir a un estado competitivo – deportivo. Más adelante, tras meses de andar y reflexionar al respecto encontré algunas pistas como haber corroborado varias veces que en definitiva viajando en bici somos masa o materia en constante movimiento lo que me lleva a contar con la dimensión einsteniana espacio-tiempo. Como masas rodantes, errantes, se nos complica contar con sólo la modificación del espacio debido a la existencia de masas aún más grandes como las montañas y la tierra misma que ejercen campos gravitatorios implacablemente definidos y difíciles de modificar al antojo del ciclonómada.Cholao Pateño!Mondomó y la entrada al valle del Cáuca

Sin embargo con la dimensión tiempo hay más posibilidades. Luego de mucho haberlo intentado, recurrí al mundo deportivo en mi manera de pedalear. Aquí en el mundo cuantico de los segundos y las milésimas el tiempo escasea como para pretender atravesar países enteros en las dos ruedas. Andar al estilo del carro escoba o similares para “ganar tiempo” no es la opción del nómada quien al cargar con su propio equipo transforma la bici en un vehículo un poco más robusto y auto suficiente que todo lo resiste y por donde sea pasa a velocidades relativas que ante los ojos de la competitividad y la mecánica cuántica, no registran lo que podrían considerar como andar rápido.Llegando a Salento, Quindío.

Otra pista encontrada: Si recurro a la relatividad general en vez que a la mecánica cuantica, podría moverme a la velocidad de la luz en tiempos más relativos en donde unidades atronómicas como los años luz sugieren más espacio para andar. Según Einstein todos los cuerpos en el universo se mueven a la velocidad de la luz o al menos al 0,9% y gracias a la influencia de las dimensiones espacio – tiempo, la gravedad y otras fuerzas aún no percibidas ni entendidas del todo, vemos que a la larga estamos lejos de movernos a trescientos mil kilómetros por segundo. Sin embargo hay esperanza. En la vida de la ciudad el tiempo siempre escasea, nunca hay el suficiente y todo el que allí habita padece de esta sequía, inclusive la gente compra y vende minutos! El tiempo se controla y a la vez nos controla. Cuando se pedalea a diario en la ciudad las mismas distancias, nos movemos sólo a través del espacio porque resulta que no hay tiempo así la ciencia y la experiencia puedan afirmar lo contrario y entre tanto caos cuantico lo que está al alcance de la mano es la tradicional actitud de la competitividad tal vez para encontrar cómodos sillones entre lo estrecho de las milésimas y centésimas porque nos han hecho olvidar lo relativo del tiempo en la vida práctica, ya sea por el progreso del hombre blanco, la guerra o la tecnología del entretenimiento que sugieren una mortal quietud al cuerpo y se pretende que todo ocurra sólo en la mente. Desconexión.

Valle de Cocora, Quindío

Aquí el punto de partida es la quietud acumulada de las grandes ciudades que para la mente humana le es posible encontrar movimiento a punta de hodónes y longitudes Planckeanas. El nómada Einsteniano interrumpe su quietud pedaleando a través del tiempo y no tanto del espacio. Al andar, el ciclonómada se sincroniza con movimientos relativamente lentos como el de la tierra y otras masas más grandes. Los minutos, los segundos y todo el tiempo del hombre civilizado se liberan de la mente humana y salen a danzar y a dialogar entre campos gravitatorios, campos electromagnéticos, glaciares, desiertos, selvas y el mar, danzan en la vida misma que comienza afuera de la mente.

Volcán nevado del Ruiz, Caldas y Tolima

El tiempo se transforma en meses, años hasta el punto que el cálculo deja de importar tanto para vivir de cuanto falta o sobra para esto o aquello, el estrés, el miedo y el odio carecen de influencia y su futilidad se asemeja a la de un gorgojo en un riel. Al moverse a través del tiempo entre culturas, geografías y aventuras no importa si se avanzan noventa y tres kilómetros al día o sólo cinco, no importa si el camino sube o baja, el avance a través del tiempo siempre es el mismo para el nómada quien no difiere mucho de un fotón, quien sobrepasa la barrera de la velocidad al no prescindir de ella, en su avance va dejando la dimensión horizontal de la existencia, la de la expansión, la de la historia y la civilización, para sincronizarse con la dimensión vertical de la existencia, la del no tiempo, la del ahora, el sentido de la eternidad que une el cielo con la tierra en este perfecto y eterno presente.

Río Magdalena, Cundinamarca, de nuevo en casa!

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